El círculo alquímico

El círculo alquímico
El círculo alquímico, de Paco Gómez Escribano. Editorial Ledoria. I.S.B.N.: 978-84-95690-73-9. A la venta en enero de 2011.

martes, 6 de julio de 2010

El talento de mi colega

Paco ha empezado ya a escribir la novela de mi última aventura. No sé, le veo como en parada biológica de escritura. Lo digo, porque en los tres últimos años había escrito tres novelas. Este año no ha escrito ninguna. Por años, me refiero a años escolares, que son por los que él se rige debido a su curro. La verdad es que le he visto bastante quemado. Porque a pesar de que la primera novela es cojonuda y tuvo la suerte de formalizar un contrato con una editorial grande, la crisis le ha cogido por medio y el libro sigue secuestrado en la editorial. Ahora está un poco más contento por haber firmado otro contrato con la segunda, esta vez con una editorial pequeña, no es lo mismo, ni tendrá la misma trascendencia, pero al menos un editor ha vuelto a apostar por él. Malos tiempos para publicar le han cogido. Debería haber empezado unos años antes a escribir, pero las cosas ocurren cuando ocurren. Mi colega Paco es un escritor de cojones. Le da a la novela, al relato corto, a los artículos, a las reseñas, a la Poesía..., y hasta tiene varias canciones escritas, letra y música, que se siguen interpretando en conciertos del grupo del barrio, son de las mejores. Tiene mucho talento artístico, yo no sé cómo se dedicó a la Ingeniería, bueno, sí que lo sé. A mí también me pasó. Cuando nos llegó la época en que terminamos la EGB, en mi barrio, estudiar era una cosa como de Ciencia Ficción. Los dos fuimos tarde a la Universidad. Yo me decanté por lo criminológico, de lo que entendía bastante, porque de ser delincuentes nos salvó yo que sé qué. Y él, por lo que calculó que tenía una salida. No me quiero ni imaginar la de libros que llevaría mi colega si se hubiese decantado por una Filología o cualquier otra carrera de Letras. Pero las cosas son como son. Y nacer en Canillejas en aquellos tiempos y con inquietudes te llevaba a bajar a la calle y que quisieras ser lo mejor que se podía ser: un macarra.

Espero que a Paco le publiquen algo, aunque sea la segunda. Y que vuelva a reencontrarse, que adquiera las fuerzas necesarias para volver a escribir regularmente. Y que al fin, se le reconozca su mérito.

jueves, 24 de junio de 2010

Retorno a Canillejas

Como ya os dije, el otro día terminé mi affaire en América y regresé por fin a Madrid. Lo que más me apetecía es ver a mi chica y a mi madre. Así que, antes de recoger a Andrea, pasé por la casa de mi infancia. Casi tuve que regañar con mi madre porque siempre que voy se empeña en sacarme comida, más de lo que puedo comer. Y yo ya había quedado en recoger a Andrea para cenar. Tras los típicos “hijo, estás más delgao”, “no te cuidas, ¿es que no comes?” y “lo que tienes que hacer es sentar la cabeza”, recogí a Andrea y nos fuimos a cenar a la terraza del Ritz que, el dinero, aparte de saber ganarlo, hay que saber gastarlo. Ni os cuento la velada tan agradable. Después, nos dimos un garbeo por la Castellana y pillamos habitación en el hotel Miguel Ángel, al que tenemos especial aprecio por razones que me reservo. Ella tiene casa y yo también, pero el caso es que nos gusta ir de vez en cuando a un hotel.

A la mañana siguiente, tras pasar por su casa temprano a recoger la maleta, la llevé al aeropuerto porque está haciendo un reportaje en Colonia. Así que, como veis, la cosa fue breve pero intensa. Después pasé por Canillejas y desayuné con Paco. Claro que antes pasé por el Cajamadrid a pillar pasta. Y empezaron las movidas. Resulta que hay un anciano sacando del cajero y cuando termina viene un nota y le pega un empujón. Y el compinche le agarra del brazo y le quita los 300 euros al hombre. Mi madre dice que no como y yo no hago deporte, pero el caso es que inicié la carrera y pude enganchar al nota del cuello. Antes de que el otro se me echara encima le metí una patada en los huevos, y al que tenía agarrado, que no hacía nada más que retorcerse, le tuve que meter tres trucos en la cara. El compinche, al ver que iba en serio, salió de najas. Debía de haber una patrulla cerca, porque los llamé por el móvil y no tardaron ni un minuto. Esposaron al pavo y yo levanté al abuelo que no paraba de darme las gracias. También tuve que llamar a Paco porque nos llevaron a comisaría al vejete y a mí. El viejo puso la denuncia, yo declaré como testigo y el mariquita del pollo me denunció por pegarle, hay que joderse. Menos mal que en una hora estuvo todo resuelto.

Cuando se lo conté luego a Paco no se lo creía. A pesar de todo, seguía siendo temprano y hacía mucho que no íbamos por la sierra, así que pusimos proa a Rascafría, que es un pueblo que te pasas de bonito. La idea era ir a lo de la comida al Monasterio del Paular, que es hospedería y restaurante. Pero Paco dijo que conocía un garito en la carretera que sube a Navacerrada, y allí que nos fuimos. Un olor a pino de la hostia, todo verde, fresquito, en fin. La anécdota es que le pido al nota una de Marqués de Cáceres y va el tío y me trae una botella de Rioja marca ACME. Le pregunto que si no tiene Marqués y va el nota y me dice que sí pero que es más cara. Yo es que no acabo de alucinar con la peña. No le dije nada, pero no sé cómo le miraría que el menda se llevó la botella y nos trajo la de Marqués con cubitera de hielo. Por lo demás bien, nos pusimos hasta las trancas de chorizo y morcilla (si me ve mi vieja...) y luego nos metimos un entrecot con patatas panaderas de la hostia. Desde la anécdota, el camarero nos trató como a clientes vip, jajaja, incluso nos invitó luego a un whisky. (El caso es que cuando me fui a USA dejé a Paco que no bebía y que no fumaba, pero ya vuelve a ser el mismo. No le comenté nada).

Le conté a Paco todas mis peripecias. Después, para bajar la comida, nos hicimos una ruta a pie de 6 kms. Por el río Lozoya, que es espectacular. Y el tío con su grabadora, como siempre. Dice que va a escribir la novela. Y me comentó que va a firmar un contrato por la segunda la semana que viene, aunque, como él dice, mejor no airearlo hasta que no lo tenga seguro.

lunes, 14 de junio de 2010

Se acabó

Vaya tela, he aterrizado hace dos horas en Barajas y acabo de llegar a mi casa tras haberme comido un pedazo de entrecot con patatas bien regado con Marqués de Cáceres en el garito de abajo en el que, por cierto, ya me daban por desaparecido o mudado de barrio. Y no me extraña, porque entre pitos y flautas me he tirado una buena temporada por ahí.

No podéis ni imaginaros la de peripecias y peligros. Desde la última entrada, he tenido que vérmelas con paramilitares, policías corruptos, narcos y macarras de toda índole. Eso sin contar otro par de incidentes con los de la organización que nos perseguía, con tiros, pero sin heridos, al menos de nuestra parte. Pero, al fin, todo ha acabado. Pude abandonar el continente americano vía Sao Paulo con pasaporte falso.

Me voy a echar una siesta del carajo y a la noche he quedado con Andrea, mi chica. Tengo ganas de verla, de descansar y de pasar, al menos, unos días tranquilos, olvidarme del trabajo. Mañana veré a Paco y a ver si me cuenta lo de ese contrato que va a firmar por su segunda novela sin que se haya publicado todavía la primera. Y seguro que querrá que le cuente mis peripecias para ir pergeñando otra novela, éste no para.

Me está entrando un sueño que te pasas. Me duermo. Echo de menos a mi colega, el que me custodiaba, al final nos hicimos muy amigos. Me duermo. Adios…

domingo, 16 de mayo de 2010

Tampoco Colombia es tranquila

Vaya tela, cada vez se me complican más las cosas para hacer una jodida entrada en el blog. Y siempre desde un patio enclaustrado que me recuerda a Cádiz, lo cual me mola bastante.

El caso es que no tuvimos ni un jodido percance en Panamá. E incluso pasamos la frontera con Colombia con una tranquilidad que me dio mala espina. Llegamos a Medellín y nos alojamos en diferentes hoteles con nombres falsos, aunque mi colega, el que me cuida (claro que yo también le cuido a él), se alojó conmigo, nada romántico, os lo aseguro. Aunque por lo menos el tipo tiene labia, ya os digo que se puede charlar con él de cualquier cosa. Me ha roto todos los esquemas del matón bestia e inculto. No os podéis imaginar lo que sabe de Literatura, americana y europea. Y no sé cómo lo ha hecho, pero me ha pasado el último de Lorenzo Silva porque una vez le comenté que me encantaba. Joder, parece mi novia. Y lo mejor es que fuma rubio americano y le gusta el Jack Danield’s, pero el original, el de Tenesse. Y claro, yo, después de probarlo, ya veremos como hago para volver a habituar mi paladar al de España.

Al día siguiente nos pusimos en marcha. Y llegamos hasta Bogotá, en donde estuvimos tres días en otra casa que tiene esta gente, en Colombia tienen infraestructura guapa. Los días pasaron tan placenteros que parecía que estaba en un jodido viaje de turismo. No salía mucho de la casa, pero ni falta que hacía. La comida tela de buena y me traían periódicos, y además, disfrutaba que te pasas con “La estrategia del agua”. Lo más chungo, el vino, pero en fin, más no se puede pedir, sobre todo si estás trabajando.

Llegado el cuarto día, mi colega me dijo que nos íbamos. Salimos de Bogotá por el Este y seguimos el curso del río Meta. No llevábamos ni 15 kilómetros cuando en un control militar nos pidieron la documentación. El que conducía se echó mano al bolsillo interior de la chaqueta y sacó la fusca. Al nota le reventó el cráneo y a nosotros nos salpicó su sangre y sus trozos de cerebro, nada estético, creedme. A veces pienso que la peña no es profesional. Para volarle la cabeza a un nota de cerca no hay que hacerlo con una cuarenta y cinco, pero allá cada cual.

Salimos del coche todos a la vez disparando al destacamento, que digo yo que podían haber estado más al loro. Los mendas estaban fumando y charlando tan tranquilos. Nos fuimos de allí cagando leches. Cuando dije que por qué disparábamos a soldados me dijeron que no eran tales, sino mercenarios de la guerrilla que nos habrían tocado los cojones pero bien.

Total, que al final acabamos en un pueblo que se llama Santa Rita, cerca de la frontera con Venezuela, en otra casa situada en un valle y que no era visible hasta que no te dabas con ella en los morros. Si las casas en las que he estado hasta ahora eran bonitas, en ésta me habría quedado a vivir, no os podéis ni imaginar. Nos quedamos allí sólo una noche y al día siguiente continuamos camino.

Siempre que hago una entrada, mi colega se descojona. Al final voy a creer que estoy escribiendo una jodida comedia.

lunes, 3 de mayo de 2010

Operación abortada

Ni os podéis imaginar la historieta que estoy viviendo. La última vez que hice una entrada estaba en un estupendo patio de La Joya. El plan era sencillo: pasaríamos ahí un par de días y luego emprenderíamos viaje hasta el Distrito Federal para pillar un vuelo a España. Llegamos al D.F., pero cuando nos dirigíamos al aeropuerto y yo me las prometía muy felices, un coche se puso en paralelo al nuestro, bajó las ventanillas y nos empezaron a disparar por toda la cara. Ningún incidente hasta entonces, por lo que yo estaba muy confiado. Nuestro conductor estuvo muy fino. Intuyó la jugada y frenó casi en seco. Pasamos de ser los perseguidos a ser los perseguidores. No preguntamos a los tipos quiénes eran, sabíamos que eran los malos. Pedí una pipa y nos lanzamos contra ellos friéndolos a tiros. Ni yo ni los que me acompañaban éramos unos pardillos. Su coche acabó estrellándose contra una casa en la autopista y nosotros salimos de allí cagando leches. Ya no íbamos hacia el aeropuerto, no era seguro. Tiramos para el sur.

Pernoctamos en Oaxaca, esta vez en un hotel, con nombres falsos. Al día siguiente cruzábamos la frontera hacia Guatemala por un pueblo que se llamaba Tapachula o algo así. En estos días atravesamos Honduras, Nicaragua y Costra Rica. Ahora estoy en Panamá, más concretamente en la ciudad de Santa Fe. La gente con la que voy tienen una casa aquí, muy parecida a la de La Joya. No hemos vuelto a tener ningún percance, pero sabemos que nos siguen y hasta que no salgamos de Centroamérica no estaremos seguros. No me han dicho nada pero les he oído hablar. Creo que el plan es pasar a Brasil a través de Colombia.

Joder, jamás pensé que un puto secuestro en un pueblo de España me iba a traer hasta aquí.

Me han puesto un filete para cenar que estaba de lujo, un entrecot. Pero el vino era como agua, en fin, menos da una piedra. Estoy relajado en una mesa en el patio, que ya no me recuerda a los de Cádiz sino a, cómo deciros, sí, como a un patio de una venta de La Mancha. Y me estoy tomando un whisky y fumándome un cigarro con mi sombra, ya sabéis, el colega que no se despega de mí y que me cuida como si fuera su hijo, aunque él sabe que no soy manco con la pipa (ahora sonríe).

No sé cuándo voy a poder conectarme de nuevo, ni siquiera si podré hacerlo. No obstante, si puedo os seguiré contando.

sábado, 17 de abril de 2010

Méjico lindo

Cuando pasas la frontera desde USA hasta Méjico no notas el contraste entre los dos países inmediatamente. Lo hicimos por Tijuana. Al cabo de unos minutos, lo que deja totalmente flipao es ver a los críos descalzos y con harapos. Pasamos por pueblos vacíos, deshabitados, y los que venían conmigo, sobre todo uno que es mejicano de origen, me explicó que últimamente los pueblos fronterizos se estaban quedando vacíos debido al narcotráfico. Los cárteles de la droga no querían testigos de sus trapicheos y pasos por la frontera de grandes cantidades de droga hacia USA, así que amenazaban a los habitantes quemándoles las casas.

Hace dos horas que hemos llegado a La Joya, en donde vamos a pernoctar. Hace un rato que he terminado de cenar y ahora estoy en un ordenador que no os podéis hacer ni idea de lo cutre. Mi escolta, sí, ese del que os hablaba el otro día, está a mi lado, ahora sonríe. La verdad es que nos hemos hecho muy colegas. Menos mal que hace años decidí aprender inglés, si no os aseguro que no habría podido hacer el curro.

No estoy en un hotel ni nada por estilo. La gente que me acompaña mantiene en Méjico una infraestructura variada. Desde la ventana de la habitación (esta vez sí), veo un patio con arcos, empedrado y con galerías en forma de balcones que llegan hasta las dos alturas. Porque sé que estoy en Méjico, que si no, diría que estoy en un patio de Cádiz, porque es idéntico.

He exigido una botella de Jack Danield’s y me la han traído, así que me he echado un lingotazo en un vaso con hielo y me he encendido un Camel. Una chica muy guapa se ha quedado mirando por el cristal sonriendo. Pero mi guardaespaldas ha salido para afuera y no sé qué coños la habrá dicho. El caso es que ha salido najando con una cara de susto que te pasas.

De momento no me han dicho dónde me llevan. Pero creo que han creído conveniente sacarme del continente por Méjico, por si las moscas. Otra cosa, la cena ha sido cojonuda, lo que pasa es que todo picaba como la madre que lo parió. Entre eso y el whisky espero que no me dé dolor de estómago.

Acabo de decirle a mi colega que si podemos pasear por el patio y me ha dicho que sí. Así que voy a salir un rato a estirar las piernas, entre otras cosas porque hay una luna de la hostia y porque quiero hacerme a la idea de que estoy en Cádiz.

viernes, 9 de abril de 2010

This is the end

Gracias a todos. Lo digo, porque según me ha contado Paco, quien más y quien menos se ha estado preguntando por mi tardanza en volver a publicar una entrada. Además, como sabéis que ando entre pistolas y gentuza, alguno pensó que me había pasado algo. Pues como veis sigo vivo y coleando, aunque ya no estoy en Las Vegas. Hoy no puedo contaros casi nada, se notaría bastante la identidad del que esto escribe, lo siento. Sólo puedo decir que he resuelto el caso con éxito y que los que me daban cobertura ahora me esconden, hasta que pase un tiempo, porque, evidentemente, los malos me buscan todavía y lo harán durante un tiempo. Alucinaríais si verdaderamente os contara la historia de este caso. Quizá Paco pueda hacerlo algún día a través de una de sus novelas, cambiando algunos datos, quién sabe.

Habito un cuarto sin ventanas, eso sí, con todas las comodidades. Estoy tomándome un Jack Danield’s y fumando un cigarrillo. Me han pasado un portátil con Internet. A mi lado está un nota que me vigila, que ahora sonríe al ver lo que escribo. De momento lo aprueba. Sabe lo que es un blog y no ha tenido inconveniente en que haga una entrada siempre y cuando él vigilara el contenido. Es un armario empotrado. Mide 1,90 o más y tiene un contorno de pecho, joder, por lo menos doble al mío. Menos mal que fuma y bebe y me hace compañía; además el cabrón es culto (vuelve a sonreír) y se puede hablar con él de cualquier tema, para que luego digan que los matones son malas bestias sin cerebro.

Si todo va bien, no creo que esté aquí mucho tiempo. Por tanto, espero volver pronto a España, ver a mi chica, a mis colegas de Canillejas y hacer alguna salidita por Madrid con Paco. Si os digo la verdad, estoy hasta los cojones de tanto yanki cabrón (el que me vigila se descojona).