sábado, 5 de febrero de 2011
lunes, 17 de enero de 2011
La presentación de Paco: sencillamente genial

Mi misantropía congénita me impide conocer a gente nueva e incluso relacionarme con la que conozco, a veces. Así que me acerqué a ver la presentación de “El círculo alquímico”, pero a mi forma. Llegué en un taxi a las siete en punto de la tarde a la librería Estudio en escarlata. Creí que la presentación no había empezado porque había gente en la calle. Me tomé un café en un bar de al lado, sin poder echar un pitillo por la jodida ley. Tardé poco, pues no quería perderme nada, pero la gente seguía en la calle. En vista de que eran ya más de las siete y diez, entré, no sin antes saludar con un escueto hola a alguna gente del barrio. Me abrí paso como pude. Resulta que la cosa ya había empezado.
He estado en algunas presentaciones anteriores. Nunca vi la librería tan llena, lo cual me alegró bastante. Cuando entré, terminó de hablar el editor y comenzó a hablar Virtudes, que se iba emocionando por momentos. Tiene razón Paco cuando me dice que es la mejor poeta que conoce. Me ha ido pasando poco a poco todos sus poemas, y es para flipar. Vi que Paco le hizo una carantoña y ella, al poco, hizo una gracia y sonrió. También el público. Eso la relajó. Tiene suerte Paco de contar con ella como amiga, porque que le elogien a uno así es para flipar. Incluso leyó un poema dedicado al libro, con el mismo título, precioso. Y terminó extrayendo frases del libro que le habían gustado.
Luego habló Pedro de Paz, con su vozarrón. Como el editor y Virtudes se habían extendido un tanto, fue conciso pero certero, se lo da el oficio. Lógicamente, alabó también al autor y a la novela.

Después comenzó a hablar mi colega Paco. Dio las gracias al editor por confiar en él sin conocerle de nada. Y a Virtudes Reza y a Pedro de Paz, a los que admira como personas y como escritores. Y luego dijo que también era importante que el público supiera que había llevado Protos y Marqués de Cáceres, supongo que para soltar tensión, o lo mismo lo dijo en serio, porque este es así. Explicó que le encanta Toledo, sus calles y su catedral, y que estuvo allí tres días dedicando las mañanas a estudiar el templo y las tardes a pasear por la Judería y aledaños, en definitiva, documentándose. Habló de cómo la Ciudad Imperial albergó un día a las tres culturas y que se propuso hacer viajar a sus personajes por otras dos ciudades: una representativa del mundo judío, que no podía ser otra que Jerusalén, y otra del mundo árabe que también tuviera representación de las tres comunidades; fue así como eligió El Cairo. Habló de géneros. Y nos contó que en todo momento había escrito la novela que él quería leer. Como tardó un año en escribirla, hubo momentos en que quería leer novela de viajes, novela histórica, novela de Arte, novela negra, etc. Y que, por tanto, la novela es una fusión, aunque puntualizó que él en ningún momento había pensado en géneros ni nada parecido.
Continuó hablando de lo que para él es una novela: una historia con personajes y paisajes que tiene que tener planteamiento, nudo y desenlace; y un detonante o varios. Que no soporta esos libros que, bajo la etiqueta de “novela”, no hacen más que presentar las divagaciones o paranoias de un escritor que no tiene una historia que contar. No puedo estar más de acuerdo.
El acto duró más de una hora. Luego se sirvieron los canapés con las copas de vino y a continuación, Paco se puso a firmar. Y yo me fui por donde había venido.
Ayer me decía que tenía que, por lo menos, haberle saludado. Pero no era el momento, ese era su día, no el mío, aunque me marché tela de contento porque sabía lo que para él significaba ese día. Me contó que luego se fueron a cenar algo y a tomar unas cañas. Y no se fue con sus presentadores y el editor, como hacen otros, sino que allí se apuntó todo el que quiso. Mi colega Paco es un tipo sencillo que se lo pasa bien rodeado de amigos, sean estos importantes o no, a él eso se la pela.
Creo que ha batido el récord de la librería de ventas en una presentación. Y yo me alegro. Nadie se lo merece más que él. Y además, que es mi mejor colega desde hace mucho, mucho tiempo. Y que lleva esperando muchos años para publicar. Y que tiene otras dos novelas tan buenas o mejores que esta que espero ver pronto en los escaparates. No sé a qué coño esperan los editoresmiércoles, 12 de enero de 2011
Aviso
Me dice Paco que los que viváis fuera podéis comprar un ejemplar en la librería Estudio en Escarlata a través de su e-mail: info@estudioenescarlata.com. La ventaja de pedirlo a la libreía en donde Paco hará la presentación el próximo sábado es que lo recibiréis dedicado por él, aunque viváis fuera de España, da igual. domingo, 9 de enero de 2011
El círculo alquímico ya está en papel

No paro de trabajar. Hay que ver la cantidad de peña que, en vez de dedicarse a trabajar, estafa, amenaza, especula, trafica, soborna, roba... Llegué a Madrid ayer, al mediodía. Esperaba ver a Paco en la bodega del Suso para tomar un vermú, pero no estaba. Le llamé a su móvil, pero no contestaba. Así que me entretuve en escuchar los desvaríos de los zumbaos del “psiquiátrico”, como el propio Suso llama a su establecimiento y luego me fui para casa. Entre los vermús y los pinchos de tortilla que me sirvió el Suso ni siquiera comí, así que me eché un rato.
Me levanté a las seis y me hice un café. Mientras me encendía un cigarrillo miré el correo electrónico y vi a Paco por el messenger. Nos saludamos y quedamos a las nueve en el Paraíso del jamón, de San Bernardo. Me di una ducha y estuve un rato tirado en el sofá leyendo la última de Edward Bunker que ha publicado la editorial Sajalín, “Perro come perro”.
Total que a las nueve y cinco vi entrar a Paco por la puerta del mesón con su novela impresa en la mano y con una sonrisa de oreja a oreja. La estuve mirando e incluso la olisqueé, ya que todavía llevaba impregnado ese olor a imprenta tan agradable y característico. Estuvimos charlando un rato acerca de la edición de la obra y de los avatares relacionados con la presentación, que será el próximo sábado 15 en la librería Estudio en escarlata. Lo cierto es que está ilusionado y un poco acojonado en el sentido de que no sabe cuánta gente acudirá al acto. De lo que no me cabe duda, por lo que me contó, es de que el público va a ser de lo más heterogéneo por la procedencia de los distintos grupos que él cree que acudirán al acto. El caso es que esté lleno y que se vendan muchas novelas, aunque él piensa que esto es lo de menos, que lo importante es pasar un rato agradable.

Nos tomamos dos bocadillos de jamón de bellota con unos Riojas y una de queso añejo. Después unos pinchos de bonito con pimiento morrón. Más tarde nos fuimos a un gallego de Leganitos que tienen una tarta de Santiago de la hostia, y la acompañamos con un Oporto. El caso es que acabamos en el barrio. Paco me llevó a un garito que regenta uno de los zumbaos del barrio y llamó a la puerta, ya que aparentemente estaba cerrado. Aquello era un templo del vicio, ya que nos tomamos unas cervezas y nos fumamos unos trujas, allí fumaba todo dios. Acabamos echándonos un mus con unos notas de San Blas que no nos conocían, y ese fue su error. Nunca se puede subestimar al contrario. Les dimos una curra que para qué.
Luego nos marchamos andando. En el portal de Paco me pillé un taxi. Parece mentira, pero por fin he tenido una novela de mi colega en las manos. Por fin ha habido un editor listo. No es la primera novela de él, concretamente es la segunda, pero da igual, lo importante es que va a publicar en estos tiempos tan difíciles. Y ni él mismo es consciente de lo que eso significa. O lo sabe..., y no le da importancia. Mi colega es así.
jueves, 23 de diciembre de 2010
Faltan días

A mediodía he vuelto a tomar un vermú con Paco en la bodega del Suso. Hemos hablado de la inminente publicación de su segunda novela, “El círculo alquímico”. Ya se saben más cosas. Le han dicho que sale de imprenta el 5 de enero y que prepare la presentación en Madrid para el 15 o así. La cosa ya está ahí, a las puertas, y yo tampoco es que le vea excesivamente contento después de lo que ha luchado por esto. Pero es que Paco tampoco es mucho de expresar. Yo sé que lo está, y yo también, porque se lo merece. El oficio de escritor, bajo mi punto de vista, es admirable. Tened en cuenta que escriben, la mayoría de las veces sin saber si la novela tendrá salida. Escribir una novela es un trabajo descomunal. Y luego las correcciones e intentar colocarla. Una locura, vamos.
Pero estos tipos parecen que son de una madera especial. Bueno, en fin, que una de las finalidades, por no decir la única, por las que hice este blog, seguir la carrera literaria de mi amigo Paco Gómez, parece que se cumple: la publicación de su primera novela “El círculo alquímico”. No olvidéis que en realidad es la segunda que ha escrito, aunque sea la primera que publican.
Seguramente la presentación en Madrid se producirá en la librería Estudio en escarlata, aunque Paco tiene que hablarlo con ellos todavía. Habrá otra en Toledo, ya que la Editorial Ledoria tiene allí su sede, ciudad propicia, ya que la novela comienza y termina precisamente en la Ciudad Imperial.
Me dice Paco que una amiga poeta de Cádiz le ha propuesto presentar también la novela allí y seguramente así será.
Por cierto, que comentaba con Paco a mediodía que hace tiempo que no vemos en lo del Suso al Miguel y al Ricky, y el nivel de las tertulias baja.
sábado, 11 de diciembre de 2010
El círculo alquímico

Ayer estuve con Paco en la bodega del Suso, en el barrio. Nos tomamos unos vermús en ese ambiente único que solo puede encontrarse en un bareto-bodega de la periferia de Madrid. La bebida es barata y el Suso trae en papel de plata una tortilla o unas croquetas caseras de casa para poner de aperitivo. Generalmente te partes el pecho de risa, porque como el propio Suso dice, su bodega es un frenopático. No en vano alberga en su barra a todos los colgaos del barrio que, con sus ocurrencias disparatadas, no hay más remedio que reírse.
Luego nos fuimos al Goterón, un bareto del barrio que es un emporio gastronómico. Os puedo decir que hacen el mejor arroz con Bogavante que he probado, y ya he corrido mundo. Curioso, porque os hablo de Canillejas, no de Alicante o de Málaga. El caso es que el encuentro con Paco no fue premeditado y solo tomamos unos aperitivos. Unas gambas de Huelva y unos montados de jabón ibérico con aceite de oliva virgen extra escoltados por dos copas de Marqués de Cáceres. Hasta nos echamos dos chupitos de hierbas caseros para rematar la velada.
Estuvimos hablando de “El círculo alquímico”, lógicamente. Paco me ha pasado la portada y la contraportada que os pongo arriba. A mí me ha gustado el diseño. Para ser una editorial pequeña se lo han currado. La novela está ahora en imprenta por lo que es más que probable que el libro esté en las librerías antes de fin de año. Otra cosas son las presentaciones, que no se sabe todavía cuándo se van a poder hacer. Como os dije, esta es la segunda novela de Paco, ya que la primera sigue secuestrada en una editorial grande. Pero es la primera que Paco va a tener en el mercado, lo que son las cosas. Y, lógicamente, está muy ilusionado, si hasta lo estoy yo de tener un colega escritor. Además, que escribe bien el jodido, a pesar de ser ingeniero y no ser de Letras. Yo, como sabéis, me he leído todas las suyas. Y como ya os he dicho en alguna ocasión, no tienen nada que envidiar a las novelas de otros novelistas conocidos. Lo que pasa es que este mundillo funciona mucho por los contactos. Y Paco, hasta ahora, es un desconocido.
Espero que a partir de ahora todo esto cambie como consecuencia de que las novelas se agoten en las librerías. Yo os prometo que no vais a salir defraudados.
domingo, 28 de noviembre de 2010
La novela de Paco Gómez se acerca

Normalmente, cuando voy a una comisaría, me miran con mala cara. Ser detective privado en España es complicado. No se puede actuar como lo hacen los americanos en las películas. Estamos bastante restringidos en cuanto a las labores que podemos hacer y si nos pasamos nos quitan el permiso. Yo tengo licencia de armas, lo que me ha sacado de más de un apuro, pero solo es porque fui policía. En la mayoría de los casos, no se conceden.
Anoche me pasé por la comisaría del barrio. Ahí todo es distinto, porque es donde presté mis años de servicio. Además está Antonio Parras, a quien conozco desde que éramos pequeños. Les serví un caso resuelto en bandeja. Después, el inspector se vino a cenar conmigo y por el camino recogimos a Paco. Nos fuimos a la freiduría el Chaval y cenamos unos bocatas de Gallinejas. Paco y Antonio hacía un huevo de tiempo que no se veían.
Al final acabamos tomando una copa en un garito de Julián Camarillo. Paco nos contó que a Pedro de Paz le han dado un premio de novela. Estaba tan contento porque le considera un buen escritor y amigo. Además nos comentó que a Carlos Salem le habían concedido el París Noir de Novela Negra en Francia. Y que le había escrito desde París para decirle que unos poemas que Paco le regaló en la presentación del poemario de Salem habían sido depositados por el poeta y su chica en la tumba de Cortázar, en el cementerio de Montparnasse. Estaba contento porque no imaginaba un final mejor para unos poemas suyos.
Paco nos contó que el editor le ha dicho que quiere sacar su novela para finales de Diciembre y que habrá presentación en Toledo y en Madrid. Está contento pero, por otra parte, con la mosca detrás de la oreja, por aquello de que hasta que no vea su libro publicado no se lo cree. Tanto Antonio como yo le tranquilizamos. No en vano ya le enviaron el libro maquetado y realizó las correcciones. El editor le dijo a principios de la semana pasada que empezaban a trabajar y que iban a diseñar la portada. Pero claro, supongo que a mí me pasaría lo mismo y más después de que su primera novela siga secuestrada en la editorial grande con la que firmó el contrato. Esta es la segunda, que será, en realidad la primera que le van a publicar, lo que son las cosas. Además estaba contento con el prólogo que le ha hecho su amiga Virtudes. Lo llevaba encima y nos lo enseñó y, la verdad, lo que pone Virtudes hace honor a la novela. Me dijo que pronto iba a colgarlo en su blog. Y yo le pedí permiso para dar en primicia el título de la novela. Ni me dijo que sí ni que no. Pero, tras despedirnos de Antonio, nos fuimos a El Nagual y nos echamos un mus contra el Chipi y el Yoni. Ganamos. Y me dijo que lo publicase si quería. La novela se llama “El círculo alquímico”. Y si la leéis vais a alucinar.
sábado, 25 de septiembre de 2010
Nuevas correrías con Paco

Últimamente no paro de trabajar. La Agencia está a pleno rendimiento. Ya sabéis que en tiempos de crisis los malos parece que se multiplican. No obstante, he estado dos días en Madrid, justo los días en que Andrea tenía que viajar a Alemania. Mi relación con ella es atípica, pero nos va bien. A veces hemos quedado en París o en Roma para poder vernos, y eso que los dos vivimos en Madrid, si yo os contara...
El viernes estuve con Paco en el Paraíso del Jamón, en San Bernardo. Lo que iba a ser un vinito y un bocata acabó en Malasaña, en una cueva, viendo a unos notas que tocaban la acústica de muerte. Otro chaval hizo unas interpretaciones de Pink Floyd de manera magistral. Y una chica cantó el “here I go again” de Whitesnake como los ángeles, acompañada a la acústica por el que debía ser su chico. Y casi se le caen a uno las lágrimas, porque los chavales eran jóvenes, pero interpretaban temas de nuestros tiempos. Nos atizamos dos pintas de Franciskaner que hicieron que fuéramos al taxi más que contentos. Previamente tomamos una birra en el Bukoski, en el que estábamos la camarera, que leía un manuscrito, Paco y yo. Nadie, sin agobios, pero la música era buena, tiene algo ese garito.
Ayer, Paco se marchó a un taller express de la Escuela de escritores, me dijo que iba sobre Poe. Le esperé en el Museo Reina Sofía, que era donde se celebraba el curso. Al salir nos descojonábamos porque el taller, lejos de ser de Poe era de Poe+, es decir, de poemas. Paco atribuyó el fallo al alzheimer galopante, y puede ser que así sea. Nos marchamos paseando hasta la calle Toledo atravesando Lavapiés. Yo hacía que no iba por allí pero lo cierto es que las calles bullían al ritmo de árabes, chinos, indios, africanos y sudamericanos. Curioso barrio en el que se ha convertido Lavapiés auspiciado por todas estas nacionalidades.
Ya en la calle Toledo, dimos cuentas de unas variadas tostas y unas croquetas escoltadas por los Riojas de rigor. Paco me habló maravillas de “La conjura de los necios”, que yo ya leí hace mucho, y el cabrón ya llevaba preparada “Últimas tardes con Teresa”. Me habló de las últimas noticias sobre su, hasta ahora, inédita carrera literaria y el caso es que le vi algo más ilusionado que la última vez. Hablamos del morro que tuvo al entrar al Carmen Fernández de Blas en la presentación de Don Winslow y que parece que la cosa con respecto a su primera novela ha vuelto a ponerse en marcha. Le dije que hizo muy bien, que el mundo es de los valientes. Después nos fuimos a la calle del Carmen y nos tomamos unas copas de orujo de hierbas mientras me contaba que el editor de su segunda novela le ha dicho que en octubre empiezan a trabajar con el libro para sacarlo a finales de año. Así que a ver si ahora vamos a tener que asistir a más de una presentación. Qué mundo de locos éste el de las editoriales.
Por fin, como íbamos bastante sobrios y yo tenía que madrugar hoy, nos fuimos para el barrio, esta vez en Metro.
Escribo estas líneas desde Logroño, en donde dentro de un rato tengo que ir a seguir a un nota por un asunto de chantaje. Qué rutina, tíos.
lunes, 23 de agosto de 2010
En agosto todo se para

Agosto siempre me ha gustado porque uno se puede tumbar a la bartola alegremente. Y para los que nos gusta la Literatura es ideal, porque te puedes camuflar en una terraza del vacío Madrid y enfrascarte en esa novela que, ahora sí, puedes leer casi del tirón. Pero, por otra parte, llega a ser algo tedioso que todo esté parado. Si es que cierran hasta la bodega del Suso, que en sí, es una novela, y sus parroquianos, es decir, los protas de la novela, emigran a no se sabe bien dónde, y como mucho, los ves desperdigados por otros bares, pero de uno en uno no es lo mismo.
Todo se para, menos los cabroncetes que se dedican al mal porque, aunque tengo menos curro, los malos siguen haciendo de las suyas. Hasta la peña de los blogs se pira en agosto. Me quedan las salidas con Paco Gómez, desde que ha venido de vacaciones, porque éste también se ha ido, y es incluso más tranqui salir por ahí a nuestras cosas, ya sabéis, lo que más nos priva es el jamón ibérico y el Marqués de Cáceres. Pero para él, acostumbrado a ir a presentaciones y mesas redondas, pues la cosa se hace un poco más cuesta arriba. Desde luego no espera que este mes le llame ninguna editorial, aunque le veo más ilusionado desde que ha firmado contrato para su segunda novela y le han dicho que a finales de año parirán a la criatura.
Estimados lectores, siento no haber hecho ninguna entrada desde..., uf, ni me acuerdo. Pero es que he estado fuera, muy liado. Espero retomar esta sana costumbre de escribir, más que nada para espantar un poco los demonios. Y también espero que, por fin, este blog sirva para lo que fue concebido, es decir, para seguir las andanzas literarias de mi colega Paco. A ver que pasa con lo de sus novelas, que esto parece el parto de la burra. Os mantendré informados.
martes, 6 de julio de 2010
El talento de mi colega
Paco ha empezado ya a escribir la novela de mi última aventura. No sé, le veo como en parada biológica de escritura. Lo digo, porque en los tres últimos años había escrito tres novelas. Este año no ha escrito ninguna. Por años, me refiero a años escolares, que son por los que él se rige debido a su curro. La verdad es que le he visto bastante quemado. Porque a pesar de que la primera novela es cojonuda y tuvo la suerte de formalizar un contrato con una editorial grande, la crisis le ha cogido por medio y el libro sigue secuestrado en la editorial. Ahora está un poco más contento por haber firmado otro contrato con la segunda, esta vez con una editorial pequeña, no es lo mismo, ni tendrá la misma trascendencia, pero al menos un editor ha vuelto a apostar por él. Malos tiempos para publicar le han cogido. Debería haber empezado unos años antes a escribir, pero las cosas ocurren cuando ocurren. Mi colega Paco es un escritor de cojones. Le da a la novela, al relato corto, a los artículos, a las reseñas, a la Poesía..., y hasta tiene varias canciones escritas, letra y música, que se siguen interpretando en conciertos del grupo del barrio, son de las mejores. Tiene mucho talento artístico, yo no sé cómo se dedicó a la Ingeniería, bueno, sí que lo sé. A mí también me pasó. Cuando nos llegó la época en que terminamos la EGB, en mi barrio, estudiar era una cosa como de Ciencia Ficción. Los dos fuimos tarde a la Universidad. Yo me decanté por lo criminológico, de lo que entendía bastante, porque de ser delincuentes nos salvó yo que sé qué. Y él, por lo que calculó que tenía una salida. No me quiero ni imaginar la de libros que llevaría mi colega si se hubiese decantado por una Filología o cualquier otra carrera de Letras. Pero las cosas son como son. Y nacer en Canillejas en aquellos tiempos y con inquietudes te llevaba a bajar a la calle y que quisieras ser lo mejor que se podía ser: un macarra.
Espero que a Paco le publiquen algo, aunque sea la segunda. Y que vuelva a reencontrarse, que adquiera las fuerzas necesarias para volver a escribir regularmente. Y que al fin, se le reconozca su mérito.
jueves, 24 de junio de 2010
Retorno a Canillejas
Como ya os dije, el otro día terminé mi affaire en América y regresé por fin a Madrid. Lo que más me apetecía es ver a mi chica y a mi madre. Así que, antes de recoger a Andrea, pasé por la casa de mi infancia. Casi tuve que regañar con mi madre porque siempre que voy se empeña en sacarme comida, más de lo que puedo comer. Y yo ya había quedado en recoger a Andrea para cenar. Tras los típicos “hijo, estás más delgao”, “no te cuidas, ¿es que no comes?” y “lo que tienes que hacer es sentar la cabeza”, recogí a Andrea y nos fuimos a cenar a la terraza del Ritz que, el dinero, aparte de saber ganarlo, hay que saber gastarlo. Ni os cuento la velada tan agradable. Después, nos dimos un garbeo por la Castellana y pillamos habitación en el hotel Miguel Ángel, al que tenemos especial aprecio por razones que me reservo. Ella tiene casa y yo también, pero el caso es que nos gusta ir de vez en cuando a un hotel.
A la mañana siguiente, tras pasar por su casa temprano a recoger la maleta, la llevé al aeropuerto porque está haciendo un reportaje en Colonia. Así que, como veis, la cosa fue breve pero intensa. Después pasé por Canillejas y desayuné con Paco. Claro que antes pasé por el Cajamadrid a pillar pasta. Y empezaron las movidas. Resulta que hay un anciano sacando del cajero y cuando termina viene un nota y le pega un empujón. Y el compinche le agarra del brazo y le quita los 300 euros al hombre. Mi madre dice que no como y yo no hago deporte, pero el caso es que inicié la carrera y pude enganchar al nota del cuello. Antes de que el otro se me echara encima le metí una patada en los huevos, y al que tenía agarrado, que no hacía nada más que retorcerse, le tuve que meter tres trucos en la cara. El compinche, al ver que iba en serio, salió de najas. Debía de haber una patrulla cerca, porque los llamé por el móvil y no tardaron ni un minuto. Esposaron al pavo y yo levanté al abuelo que no paraba de darme las gracias. También tuve que llamar a Paco porque nos llevaron a comisaría al vejete y a mí. El viejo puso la denuncia, yo declaré como testigo y el mariquita del pollo me denunció por pegarle, hay que joderse. Menos mal que en una hora estuvo todo resuelto.
Cuando se lo conté luego a Paco no se lo creía. A pesar de todo, seguía siendo temprano y hacía mucho que no íbamos por la sierra, así que pusimos proa a Rascafría, que es un pueblo que te pasas de bonito. La idea era ir a lo de la comida al Monasterio del Paular, que es hospedería y restaurante. Pero Paco dijo que conocía un garito en la carretera que sube a Navacerrada, y allí que nos fuimos. Un olor a pino de la hostia, todo verde, fresquito, en fin. La anécdota es que le pido al nota una de Marqués de Cáceres y va el tío y me trae una botella de Rioja marca ACME. Le pregunto que si no tiene Marqués y va el nota y me dice que sí pero que es más cara. Yo es que no acabo de alucinar con la peña. No le dije nada, pero no sé cómo le miraría que el menda se llevó la botella y nos trajo la de Marqués con cubitera de hielo. Por lo demás bien, nos pusimos hasta las trancas de chorizo y morcilla (si me ve mi vieja...) y luego nos metimos un entrecot con patatas panaderas de la hostia. Desde la anécdota, el camarero nos trató como a clientes vip, jajaja, incluso nos invitó luego a un whisky. (El caso es que cuando me fui a USA dejé a Paco que no bebía y que no fumaba, pero ya vuelve a ser el mismo. No le comenté nada).
Le conté a Paco todas mis peripecias. Después, para bajar la comida, nos hicimos una ruta a pie de 6 kms. Por el río Lozoya, que es espectacular. Y el tío con su grabadora, como siempre. Dice que va a escribir la novela. Y me comentó que va a firmar un contrato por la segunda la semana que viene, aunque, como él dice, mejor no airearlo hasta que no lo tenga seguro.
lunes, 14 de junio de 2010
Se acabó

Vaya tela, he aterrizado hace dos horas en Barajas y acabo de llegar a mi casa tras haberme comido un pedazo de entrecot con patatas bien regado con Marqués de Cáceres en el garito de abajo en el que, por cierto, ya me daban por desaparecido o mudado de barrio. Y no me extraña, porque entre pitos y flautas me he tirado una buena temporada por ahí.
No podéis ni imaginaros la de peripecias y peligros. Desde la última entrada, he tenido que vérmelas con paramilitares, policías corruptos, narcos y macarras de toda índole. Eso sin contar otro par de incidentes con los de la organización que nos perseguía, con tiros, pero sin heridos, al menos de nuestra parte. Pero, al fin, todo ha acabado. Pude abandonar el continente americano vía Sao Paulo con pasaporte falso.
Me voy a echar una siesta del carajo y a la noche he quedado con Andrea, mi chica. Tengo ganas de verla, de descansar y de pasar, al menos, unos días tranquilos, olvidarme del trabajo. Mañana veré a Paco y a ver si me cuenta lo de ese contrato que va a firmar por su segunda novela sin que se haya publicado todavía la primera. Y seguro que querrá que le cuente mis peripecias para ir pergeñando otra novela, éste no para.
Me está entrando un sueño que te pasas. Me duermo. Echo de menos a mi colega, el que me custodiaba, al final nos hicimos muy amigos. Me duermo. Adios…
domingo, 16 de mayo de 2010
Tampoco Colombia es tranquila

Vaya tela, cada vez se me complican más las cosas para hacer una jodida entrada en el blog. Y siempre desde un patio enclaustrado que me recuerda a Cádiz, lo cual me mola bastante.
El caso es que no tuvimos ni un jodido percance en Panamá. E incluso pasamos la frontera con Colombia con una tranquilidad que me dio mala espina. Llegamos a Medellín y nos alojamos en diferentes hoteles con nombres falsos, aunque mi colega, el que me cuida (claro que yo también le cuido a él), se alojó conmigo, nada romántico, os lo aseguro. Aunque por lo menos el tipo tiene labia, ya os digo que se puede charlar con él de cualquier cosa. Me ha roto todos los esquemas del matón bestia e inculto. No os podéis imaginar lo que sabe de Literatura, americana y europea. Y no sé cómo lo ha hecho, pero me ha pasado el último de Lorenzo Silva porque una vez le comenté que me encantaba. Joder, parece mi novia. Y lo mejor es que fuma rubio americano y le gusta el Jack Danield’s, pero el original, el de Tenesse. Y claro, yo, después de probarlo, ya veremos como hago para volver a habituar mi paladar al de España.
Al día siguiente nos pusimos en marcha. Y llegamos hasta Bogotá, en donde estuvimos tres días en otra casa que tiene esta gente, en Colombia tienen infraestructura guapa. Los días pasaron tan placenteros que parecía que estaba en un jodido viaje de turismo. No salía mucho de la casa, pero ni falta que hacía. La comida tela de buena y me traían periódicos, y además, disfrutaba que te pasas con “La estrategia del agua”. Lo más chungo, el vino, pero en fin, más no se puede pedir, sobre todo si estás trabajando.
Llegado el cuarto día, mi colega me dijo que nos íbamos. Salimos de Bogotá por el Este y seguimos el curso del río Meta. No llevábamos ni 15 kilómetros cuando en un control militar nos pidieron la documentación. El que conducía se echó mano al bolsillo interior de la chaqueta y sacó la fusca. Al nota le reventó el cráneo y a nosotros nos salpicó su sangre y sus trozos de cerebro, nada estético, creedme. A veces pienso que la peña no es profesional. Para volarle la cabeza a un nota de cerca no hay que hacerlo con una cuarenta y cinco, pero allá cada cual.
Salimos del coche todos a la vez disparando al destacamento, que digo yo que podían haber estado más al loro. Los mendas estaban fumando y charlando tan tranquilos. Nos fuimos de allí cagando leches. Cuando dije que por qué disparábamos a soldados me dijeron que no eran tales, sino mercenarios de la guerrilla que nos habrían tocado los cojones pero bien.
Total, que al final acabamos en un pueblo que se llama Santa Rita, cerca de la frontera con Venezuela, en otra casa situada en un valle y que no era visible hasta que no te dabas con ella en los morros. Si las casas en las que he estado hasta ahora eran bonitas, en ésta me habría quedado a vivir, no os podéis ni imaginar. Nos quedamos allí sólo una noche y al día siguiente continuamos camino.
Siempre que hago una entrada, mi colega se descojona. Al final voy a creer que estoy escribiendo una jodida comedia.
lunes, 3 de mayo de 2010
Operación abortada

Ni os podéis imaginar la historieta que estoy viviendo. La última vez que hice una entrada estaba en un estupendo patio de La Joya. El plan era sencillo: pasaríamos ahí un par de días y luego emprenderíamos viaje hasta el Distrito Federal para pillar un vuelo a España. Llegamos al D.F., pero cuando nos dirigíamos al aeropuerto y yo me las prometía muy felices, un coche se puso en paralelo al nuestro, bajó las ventanillas y nos empezaron a disparar por toda la cara. Ningún incidente hasta entonces, por lo que yo estaba muy confiado. Nuestro conductor estuvo muy fino. Intuyó la jugada y frenó casi en seco. Pasamos de ser los perseguidos a ser los perseguidores. No preguntamos a los tipos quiénes eran, sabíamos que eran los malos. Pedí una pipa y nos lanzamos contra ellos friéndolos a tiros. Ni yo ni los que me acompañaban éramos unos pardillos. Su coche acabó estrellándose contra una casa en la autopista y nosotros salimos de allí cagando leches. Ya no íbamos hacia el aeropuerto, no era seguro. Tiramos para el sur.
Pernoctamos en Oaxaca, esta vez en un hotel, con nombres falsos. Al día siguiente cruzábamos la frontera hacia Guatemala por un pueblo que se llamaba Tapachula o algo así. En estos días atravesamos Honduras, Nicaragua y Costra Rica. Ahora estoy en Panamá, más concretamente en la ciudad de Santa Fe. La gente con la que voy tienen una casa aquí, muy parecida a la de La Joya. No hemos vuelto a tener ningún percance, pero sabemos que nos siguen y hasta que no salgamos de Centroamérica no estaremos seguros. No me han dicho nada pero les he oído hablar. Creo que el plan es pasar a Brasil a través de Colombia.
Joder, jamás pensé que un puto secuestro en un pueblo de España me iba a traer hasta aquí.
Me han puesto un filete para cenar que estaba de lujo, un entrecot. Pero el vino era como agua, en fin, menos da una piedra. Estoy relajado en una mesa en el patio, que ya no me recuerda a los de Cádiz sino a, cómo deciros, sí, como a un patio de una venta de La Mancha. Y me estoy tomando un whisky y fumándome un cigarro con mi sombra, ya sabéis, el colega que no se despega de mí y que me cuida como si fuera su hijo, aunque él sabe que no soy manco con la pipa (ahora sonríe).
No sé cuándo voy a poder conectarme de nuevo, ni siquiera si podré hacerlo. No obstante, si puedo os seguiré contando.sábado, 17 de abril de 2010
Méjico lindo

Cuando pasas la frontera desde USA hasta Méjico no notas el contraste entre los dos países inmediatamente. Lo hicimos por Tijuana. Al cabo de unos minutos, lo que deja totalmente flipao es ver a los críos descalzos y con harapos. Pasamos por pueblos vacíos, deshabitados, y los que venían conmigo, sobre todo uno que es mejicano de origen, me explicó que últimamente los pueblos fronterizos se estaban quedando vacíos debido al narcotráfico. Los cárteles de la droga no querían testigos de sus trapicheos y pasos por la frontera de grandes cantidades de droga hacia USA, así que amenazaban a los habitantes quemándoles las casas.
Hace dos horas que hemos llegado a La Joya, en donde vamos a pernoctar. Hace un rato que he terminado de cenar y ahora estoy en un ordenador que no os podéis hacer ni idea de lo cutre. Mi escolta, sí, ese del que os hablaba el otro día, está a mi lado, ahora sonríe. La verdad es que nos hemos hecho muy colegas. Menos mal que hace años decidí aprender inglés, si no os aseguro que no habría podido hacer el curro.
No estoy en un hotel ni nada por estilo. La gente que me acompaña mantiene en Méjico una infraestructura variada. Desde la ventana de la habitación (esta vez sí), veo un patio con arcos, empedrado y con galerías en forma de balcones que llegan hasta las dos alturas. Porque sé que estoy en Méjico, que si no, diría que estoy en un patio de Cádiz, porque es idéntico.
He exigido una botella de Jack Danield’s y me la han traído, así que me he echado un lingotazo en un vaso con hielo y me he encendido un Camel. Una chica muy guapa se ha quedado mirando por el cristal sonriendo. Pero mi guardaespaldas ha salido para afuera y no sé qué coños la habrá dicho. El caso es que ha salido najando con una cara de susto que te pasas.
De momento no me han dicho dónde me llevan. Pero creo que han creído conveniente sacarme del continente por Méjico, por si las moscas. Otra cosa, la cena ha sido cojonuda, lo que pasa es que todo picaba como la madre que lo parió. Entre eso y el whisky espero que no me dé dolor de estómago.
Acabo de decirle a mi colega que si podemos pasear por el patio y me ha dicho que sí. Así que voy a salir un rato a estirar las piernas, entre otras cosas porque hay una luna de la hostia y porque quiero hacerme a la idea de que estoy en Cádiz.viernes, 9 de abril de 2010
This is the end

Gracias a todos. Lo digo, porque según me ha contado Paco, quien más y quien menos se ha estado preguntando por mi tardanza en volver a publicar una entrada. Además, como sabéis que ando entre pistolas y gentuza, alguno pensó que me había pasado algo. Pues como veis sigo vivo y coleando, aunque ya no estoy en Las Vegas. Hoy no puedo contaros casi nada, se notaría bastante la identidad del que esto escribe, lo siento. Sólo puedo decir que he resuelto el caso con éxito y que los que me daban cobertura ahora me esconden, hasta que pase un tiempo, porque, evidentemente, los malos me buscan todavía y lo harán durante un tiempo. Alucinaríais si verdaderamente os contara la historia de este caso. Quizá Paco pueda hacerlo algún día a través de una de sus novelas, cambiando algunos datos, quién sabe.
Habito un cuarto sin ventanas, eso sí, con todas las comodidades. Estoy tomándome un Jack Danield’s y fumando un cigarrillo. Me han pasado un portátil con Internet. A mi lado está un nota que me vigila, que ahora sonríe al ver lo que escribo. De momento lo aprueba. Sabe lo que es un blog y no ha tenido inconveniente en que haga una entrada siempre y cuando él vigilara el contenido. Es un armario empotrado. Mide 1,90 o más y tiene un contorno de pecho, joder, por lo menos doble al mío. Menos mal que fuma y bebe y me hace compañía; además el cabrón es culto (vuelve a sonreír) y se puede hablar con él de cualquier tema, para que luego digan que los matones son malas bestias sin cerebro.
Si todo va bien, no creo que esté aquí mucho tiempo. Por tanto, espero volver pronto a España, ver a mi chica, a mis colegas de Canillejas y hacer alguna salidita por Madrid con Paco. Si os digo la verdad, estoy hasta los cojones de tanto yanki cabrón (el que me vigila se descojona).
domingo, 21 de marzo de 2010
Viajecito a Méjico

A estas alturas supongo que puedo contaros algo que entiendo que dabais por sabido. Mi nombre no es Carlos González y mi agencia no se llama “Private Exam” Esos son los nombres que Paco ha elegido para sus novelas y que yo he tomado prestados para el blog. Es cierto que soy detective, que tengo una agencia y que soy amigo de Paco, pero quiero que entendáis que no puedo daros datos míos verdaderos para no ver comprometido mi trabajo.
La semana pasada entré en una base militar y saqué de allí a un colega que trabajaba para que este caso llegara a buen puerto. No fue fácil y tuve que echarle una cara de cojones. Me llevé al colega al apartamento que me han proporcionado en Las Vegas y durante la semana, he visto que la presencia de maderos en las calles se ha duplicado. No ha hecho falta que me lo diga nadie. Tanto madero se debe a que el ejército ha dado el keo de la desaparición de mi colega, al que unos y otros estarían encantados de echarle el guante. La suerte es que sólo le buscaban a él y yo he podido moverme con libertad. ¿Os acordáis de Mary? Sí, la fulana del “The Venetian Resort-Hotel-Casino”, la que me sirvió de coartada por un módico precio. Pues bien, me ha hecho otro servicio. Como mi colega no podía salir del país por ningún aeropuerto para regresar a España, o al menos, no era prudente, en contra de los que me asesoran urdí un plan. Me llevaría al tipo a Méjico. Y así lo hice. Me hice con dos coches. Yo iría delante en uno como lanzadera para detectar controles, si es que los había, y mi colega y Mary, haciendo el papel del matrimonio feliz, detrás en el otro. La verdad es que no hubo controles. Pero sí que hubo un percance, cuando nos quedaban apenas 20 kilómetros para la frontera.
Algo me olió mal. Nos comunicábamos cada media hora más o menos. Así que cuando no obtuve contestación, di la vuelta y enfilé la carretera en dirección contraria para ver qué pasaba. Al llegar a la altura de donde estaban aparcados, en el arcén, vi la película. Un jodido sheriff de pueblo y su ayudante habían pillado a Mary y a mi colega. En ese momento los estaban esposando. No me lo pensé dos veces. Aparqué, salí del coche haciéndome el despistado y me dirigí hacia ellos. El sheriff no esperaba ni por asomo el culatazo que le metí en la cabeza. Cayó redondo. El ayudante, un niñato de unos veinte años, se quedó lo suficientemente flipado como para tardar un segundo más de lo necesario en reaccionar, lo que me permitió meterle a él también.
Miré en el coche patrulla y debía de ser mi día de suerte, porque encontré dos rollos de cinta americana. Atamos a los pasmas, los metimos en el maletero de su propio coche y lo ocultamos todo lo que pudimos detrás de un montículo de la carretera. Mary, flipaba. Mi colega, menos, porque es del oficio. El caso es que nos dio tiempo de llegar a la frontera, de que mi colega la cruzara sin problemas y Mary y yo nos volvimos para las Vegas. Supongo que rescatarían al sheriff y a su ayudante. Sí, los echarían en falta.
Total, que Mary volvió a cobrar por sus servicios y me dijo que ya sabía donde encontrarla, que trabajar conmigo le salía mejor que putear en el hotel. Yo sigo en Las Vegas, esto no se ha acabado ni mucho menos. Y acaban de comunicarme que mi colega ha aterrizado en Madrid viajando desde Méjico D.F. Ignoro por qué tuvo que bajar tanto, sus razones tendría. Cuando le cuente todo a Paco para su novela va a flipar. La verdad es que lo único que me importa ahora es tomarme mi copa de Jack Danield’s y fumarme mi cigarro tranquilo. Por cierto, el hombro ya casi ni me duele.
domingo, 14 de marzo de 2010
Jodido rescate

Cuando llegué con mis padres al barrio de Canillejas, en 1970, aquello era para echarse a llorar. Las calles no estaban hechas y no había farolas por lo que si llovía el barrio se convertía en un barrizal, y por las noches las calles eran la boca de un lobo. Estábamos rodeados de campo, de chabolas y de un poblado en el que vivían quinquis y gitanos. Paco, yo y otros niños nos criamos en esas calles. Si te bajabas un balón, siempre había alguien que venía a quitártelo. Ya de jóvenes, éramos expertos en defendernos de gentuza con navajas y de acabar a hostias día sí y día también. Por eso, no tengo ni idea de cómo yo llegué a ser policía, licenciado en Derecho y después detective. Ni tampoco sé cómo Paco terminó siendo ingeniero, profesor y escritor.
Por cómo pasé la infancia, la adolescencia, mi juventud y por mi experiencia en la Policía Nacional, creo que soy temerario. No tengo miedo en cualquiera de las situaciones en las que me veo envuelto. Por eso, esta misma tarde, convaleciente todavía del hombro, cuando tuve que entrar en una institución oficial americana a rescatar a un colega que ha estado infiltrado allí durante un mes, no me lo pensé. Intenté trazar un plan, pero el nivel de seguridad es tan alto que no era posible ningún plan. Durante todo este tiempo en Las Vegas, agentes de otra institución oficial me han dado cobertura. Pero en esta misión estaba solo y sí, como en las pelis, si me cogían, ellos negarían si fuera necesario que han tenido contacto conmigo.
No me voy a extender en detalles pero lo cierto es que me oculté en un camión que iba a llevar suministros. Una vez dentro, me apeé en marcha y me escondí detrás de un barracón. Según las indicaciones de mi colega, divisé lo que él me había dicho que era la residencia del personal científico. Esperé a que anocheciera y me dirigí hasta allí. Mi colega me esperaba en la puerta y me condujo hasta su cuarto. Allí nos pusimos un traje de militar cada uno con sus distintivos. El de mi colega era de cabo y el mío de capitán. Por lo que pude comprobar, él sí que tenía un plan, descabellado, pero era menos que nada.
De repente se abrió la puerta y entró un tipo pelirrojo con el pelo alborotado. Tenía barba, muy descuidada, y vestía una bata blanca desabrochada, una camisa amarilla y un pantalón vaquero negro. El nota se quedó de piedra al vernos vestidos de militares. Mi colega le saludó, pero el tipo se mostró receloso y se dispuso a abandonar la habitación demasiado pronto. Mi colega, más tarde, me dijo que era un griego que trabajaba allí, al parecer toda una lumbrera. Pero en esos momentos, a mí no me interesaba su nacionalidad. Vi claro que si le dejábamos salir de allí, el tipo se iba a chivar. Así que saqué la pipa y le eché el alto. El menda me miró aterrorizado. Le dije que se diera la vuelta y, rápidamente, le metí con la culata en la cabeza. El nota cayó redondo al suelo.
A la media hora más o menos, mi colega y yo estábamos frente a la garita de la puerta de salida montados en un jeep que habíamos cogido “prestado”. Un veinteañero pecoso nos pidió la documentación mientras su compañero miraba nuestras credenciales que pendían del bolsillo de las chaquetas militares. Yo me dije que hasta ahí habíamos llegado y estaba pensando en qué iba a hacer para retorcer el cuello a dos soldaditos que parecían salidos de West Point. Pero hay veces que la fortuna aparece cuando menos lo esperas. El que miraba nuestras credenciales le dijo al pecoso que todo estaba bien. Y nos fuimos de allí como alma que lleva el diablo.
Ahora mi colega ya se ha dormido. Y yo escribo estas líneas con un vaso de Jack Danield’s con hielo y un cigarro. Miro por la ventana, ya no hay tráfico apenas. Y recuerdo cómo hemos quemado el jeep junto con las ropas militares en la otra punta de la ciudad, en un descampado que era antesala del desierto.
Apago el cigarrillo y enciendo otro. Vuelvo a llenar mi vaso y pienso que en una de estas...
domingo, 7 de marzo de 2010
Releaving Las Vegas

Ya no llevo venda en el brazo, que es un alivio. Aunque aún llevo en cabestrillo. Aun así, esta tarde estaba haciendo otra labor de vigilancia. Ha venido un nota y me ha pedido fuego. Cuando llevas tantos años de profesión, primero de policía y después de detective, sabes cuándo el nota que te pide fuego es o no es un transeúnte que necesita fuego. Como por el rabillo del ojo vi a otro menda que se me acercaba por la izquierda a lo lejos, di fuego al nota, pero también le di un rodillazo en los huevos. Cuando se agachó, saqué la pipa y le metí en la cabeza con la culata, en mis circunstancias no puedo permitirme la lucha cuerpo a cuerpo. ¡Premio! El menda que se aproximaba como si nada a lo lejos sacó su pipa y empezó a disparar. Me puse a cubierto detrás de una esquina y le lancé un par de tiros para que se percatara de que yo también tenía pipa, sólo por eso. Estoy en U.S.A. y no quiero matar a nadie. Estoy cubierto por unos contactos digamos oficiales, pero hasta cierto punto. El nota se frenó en seco y se tiró detrás de un coche. Siguió disparándome. Después de calcular mis posibilidades, volví a disparar y salí corriendo con la intención de salir a calles más transitadas y coger un taxi. El nota perdió unos segundos cubriéndose de mis disparos y yo alcancé una calle céntrica esquivando jodidos tiros, el tío se había rehecho y había salido corriendo detrás de mí. La ley de Murphy, ni un jodido taxi. Corrí como alma que lleva el diablo, me enfundé la pipa y doble por Las Vegas Boulevard. Seguí corriendo y al llegar al “The Venetian Resort-Hotel-Casino” no me lo pensé, entré ante la mirada desconfiada de botones uniformados y aparcacoches. Me dirigí a la zona de tragaperras y me escondí detrás de una de ellas. Para mi desgracia vi al nota en el vestíbulo enseñando un carné a los de seguridad. Joder, la había cagado. Demasiado bien sabía yo que el menda era agente de, digamos una agencia oficial. Ahora no sólo tenía detrás de mi al nota, sino a toda la seguridad del casino.
Me quité la chupa y le di la vuelta, siempre llevo chupas reversibles cuando curro. Me cogí del brazo de una fulana que llevaba un traje escotado y le di 200 dólares para que me siguiera el rollo. Me puse una gorra y unas gafas e increíblemente salimos por la puerta y nos metimos en un taxi.
La invité a cenar en un italiano después de darle otros 300. La cena hasta estuvo agradable. Mary, o al menos así me dijo que se llamaba, me dijo que era licenciada en filosofía, pero que se dedicaba a la prostitución en el casino y que se estaba forrando. También me dijo que, a este paso, se jubilaría a los cuarenta con la vida asegurada. Me dijo que si quería sexo con ella me haría una tarifa especial. Al final le di otros 300 y le dije que lo más importante era que ella no me había visto en la vida. Al salir a la calle, me besó en la boca. Yo me cogí un taxi, me fui a casa y me serví un Jack Danield’s. Me la estoy jugando en este caso, pero, qué coño, qué voy a hacer si el curro me gusta y además me pagan un huevo.
Ayer hablé con Paco Gómez. Ninguna noticia sobre editoriales. Le dije que todo llega. Hasta llegará el día que termine con este caso y pueda volver a casa.
domingo, 21 de febrero de 2010
Leaving Las Vegas

Ni os imagináis las cosas que estoy viendo a raíz del caso en el que estoy trabajando. Quizá algún día las cuente, o a lo mejor será Paco Gómez quien las narre en una de sus novelas. Es alucinante, no lo podríais creer.
Por si fuera poco, esta noche pasada estaba haciendo una labor de vigilancia y de repente veo que se me acerca un tipo por la izquierda. Podía parecer un tipo normal, pero yo sabía que no lo era, dicen que el instinto... Total que me abro por la derecha y veo que de frente me viene otro tipo con las mismas intenciones. Avanzo unos metros y veo un callejón, sí, de esos de las pelis que al final tienen una valla. Así que, sin pensármelo, me he metido en él y he echado a correr. Al llegar al final he tomado impulso y he escalado la valla pero un ruido de bala y un dolor en el hombro de la hostia me indicaron que me habían dado. Giré la cabeza y los dos tipos corrían hacia mí disparando. Encaramado en la valla y jugándome el tipo he sacado mi pipa y he empezado a disparar también, lo suficiente para hacerlos retroceder. Entonces he saltado y he estado más de media hora corriendo para despistar a los malos. Al final lo conseguí.
Desde una cabina que dejé perdida de sangre llamé a mi contacto. Y en un cuartucho de la zona Este de Las Vegas, un médico alto, enjuto y con cara de malas pulgas, me ha sacado la bala casi a lo vivo. Me ha costado 300 dólares, pero los doy por buenos.
Ahora estoy en la cama, cansado, pero no tengo fiebre, lo que quiere decir que no tengo infección. Tengo mi Jack Danield’s, mi paquete de tabaco y la última de Carlos Salem, que ya he visto que Paco ha hecho reseña en el blog. Lleva razón, está de puta madre su literatura. También he visto las fotos de su premio de poesía en Algeciras, tuvo que estar guay.
En fin, que sigo con la lectura. Y en próximas entradas, si es que tengo tiempo, os sigo contando. Vaya jaris en los que me meto.
